La persecución y el acoso mundial contra el nuevo gobierno hondureño es un claro síntoma de la perversidad y degradación de los poderes en el mundo de hoy.
¿En qué cabeza cabe que mientras se acaba de descubrir que en manos del grupo terrorista colombiano las FARC, se encuentran cohetes que fueron vendidos por Suecia a Venezuela, se insista en la restitución en el poder de Zelaya, fiel aliado de Hugo Chávez?
Y, por si esto fuera poco. ¿Cómo se puede justificar la revocación de las visas, por parte de Estados Unidos, a varios funcionarios del gobierno del presidente Micheletti, mientras que ante las amenazas irresponsables e intervensionistas del presidente de Ecuador, sobre quién es admisible para ser presidente en Colombia y quién no lo es, la Casa Blanca no diga absolutamente nada?.
¿Qué es lo que hay detrás de todas estas incongruencias? ¿Por qué la UE y EEUU se han convertido en los mejores aliados de Hugo Chávez para que esparza los errores del comunismo por toda Latinoamérica?
viernes, 31 de julio de 2009
viernes, 24 de julio de 2009
Increible pero cierto, según el mundo el "bueno" es Celaya
Los acontecimientos que se están sucediendo en Honduras nos hacen preguntarnos realmente alarmados ¿Hacia donde va el mundo? ¿Cómo puede ser posible que los organismos internacionales y los gobiernos de la mayoría de países del mundo estén a favor de Celaya, quién es descaradamente respaldado por Chávez? ¿Qué clase de ética se maneja a nivel mundial? Chávez como fiel discípulo de Castro comete en Venezuela toda clase de atropellos contra sus adversarios, ¿en dónde están las enérgicas condenas de estos organismos y estos gobiernos contra el proceder tiránico de Chávez?
Por un lado al nuevo gobierno hondureño, que se vio prácticamente obligado a derrocar a Celaya como consecuencia de la reiterada y abusiva negativa del susodicho a acatar las leyes del vecino país, se le pretende aislar y asfixiar. Por otro lado, a gobiernos como el de Ecuador, al que en reiteradas oportunidades se le ha acusado de tener vínculos con el grupo terrorista colombiano denominado las FARC, o al de Venezuela, caracterizado por la constante persecución de los medios de comunicación que no le son afines, no se les hace ningún tipo de amonestación.
Lo que está sucediendo es una clara muestra del elevado nivel de degradación y podredumbre de quienes detentan el poder en el mundo. Pensar que la desproporcionada reacción internacional ante el derrocamiento de Celaya es el fruto del desconocimiento de la realidad hondureña es aferrarse a un optimismo que coquetea con la estupidez. La comunidad internacional, parafraseando a Satanás, condiciona a la sociedad hondureña: “todas estas cosas te daré si, hincado me adorares”(Mt. 4,9)
Pareciera que desde Europa ( e incluso Estados Unidos) se le está dando la bendición a la instauración de gobiernos de corte marxista en Latinoamérica. Si a esto agregamos la terrible ceguera de la derecha neoliberal latinoamericana que se ha despojado por completo de los principios y valores inculcados por el catolicismo, y se ha volcado de lleno a una búsqueda egoísta del lucro desmedido. Nos encontramos ante un futuro, más que complicado, para una región, como Latinoamérica, con una situación, ya de por sí, complicada.
Por un lado al nuevo gobierno hondureño, que se vio prácticamente obligado a derrocar a Celaya como consecuencia de la reiterada y abusiva negativa del susodicho a acatar las leyes del vecino país, se le pretende aislar y asfixiar. Por otro lado, a gobiernos como el de Ecuador, al que en reiteradas oportunidades se le ha acusado de tener vínculos con el grupo terrorista colombiano denominado las FARC, o al de Venezuela, caracterizado por la constante persecución de los medios de comunicación que no le son afines, no se les hace ningún tipo de amonestación.
Lo que está sucediendo es una clara muestra del elevado nivel de degradación y podredumbre de quienes detentan el poder en el mundo. Pensar que la desproporcionada reacción internacional ante el derrocamiento de Celaya es el fruto del desconocimiento de la realidad hondureña es aferrarse a un optimismo que coquetea con la estupidez. La comunidad internacional, parafraseando a Satanás, condiciona a la sociedad hondureña: “todas estas cosas te daré si, hincado me adorares”(Mt. 4,9)
Pareciera que desde Europa ( e incluso Estados Unidos) se le está dando la bendición a la instauración de gobiernos de corte marxista en Latinoamérica. Si a esto agregamos la terrible ceguera de la derecha neoliberal latinoamericana que se ha despojado por completo de los principios y valores inculcados por el catolicismo, y se ha volcado de lleno a una búsqueda egoísta del lucro desmedido. Nos encontramos ante un futuro, más que complicado, para una región, como Latinoamérica, con una situación, ya de por sí, complicada.
viernes, 17 de julio de 2009
Honduras y la OEA
Según la OEA, los hondureños no tenían derecho a separar del cargo a Zelaya, aunque este estaba violando flagrantemente la constitución de Honduras. Aducen que lo hecho atenta contra la democracia. Hacía solo unos cuantos días, que con bombos y platillos, esta misma institución había autorizado la reincorporación de Cuba al organismo. ¿Hay acaso democracia en Cuba?
Y, como decía Raúl Velasco, aun hay mas: ¿ha condenado este organismo las irresponsables declaraciones de Chávez que ha llegado a decir que invadiría Honduras, o más recientemente, que la sangre correrá en Centroamérica, sino es restituido su amigo Zelaya? No, de ninguana manera, como era de esperarse, no ha dicho ni media palabra.
¿Qué ha dicho la OEA de los violentos ataques contra la oposición política, la prensa y la Iglesia Católica, que han ocurrido en Venezuela? Nada.
Entonces, que autoridad moral tiene la OEA para juzgar a la sociedad hondureña, que ha cerrado filas en contra de la tiranía chavista.
Y, como decía Raúl Velasco, aun hay mas: ¿ha condenado este organismo las irresponsables declaraciones de Chávez que ha llegado a decir que invadiría Honduras, o más recientemente, que la sangre correrá en Centroamérica, sino es restituido su amigo Zelaya? No, de ninguana manera, como era de esperarse, no ha dicho ni media palabra.
¿Qué ha dicho la OEA de los violentos ataques contra la oposición política, la prensa y la Iglesia Católica, que han ocurrido en Venezuela? Nada.
Entonces, que autoridad moral tiene la OEA para juzgar a la sociedad hondureña, que ha cerrado filas en contra de la tiranía chavista.
Los abusos de las empresas de telefonos
Cuando uno llama a un celular, y el destinatario no quiere o no puede contestar, escuchamos un mensaje pregrabado. Y aunque uno cuelgue inmediatamente para no escuchar el susodicho mensaje, cuando llega la cuenta del teléfono, cada una de estas llamadas aparece cobrada a 41 centavos. Es un abuso que se nos imponga y se nos obligue a pagar, estos mensajes. Amen de que, si uno cuelga rápidamente, transcurren apenas unos cuantos segundos, ¿por qué cobrar entonces un minuto? Y lo mismo ocurre, cuando al llamar a algunos teléfonos fijos, se escucha un mensaje que dice “la línea se encuentra ocupada”; basta y sobra con oír el tono de ocupado. Se trata pues de argucias inmorales para sacarle dinero al consumidor. Lo peor del caso es que todas estas estafas las quieren presentar como servicio al cliente. Que perversamente inteligentes son estos empresarios de las telefónicas, para ellos las ganancias son lo único que importa.
Los abusos de los ciclistas y los motoristas
En el área del centro histórico y zonas aledañas se ha vuelto común observar a ciclistas y motoristas que abusivamente se conducen contra la vía o sobre las banquetas, poniendo en riesgo la integridad de los peatones. Es inconcebible que EMETRA no proceda contra estos irresponsables. Así como se sanciona a quienes estacionan en lugares prohibidos con los famosos cepos, con mayor razón deben establecerse castigos para quienes creen que en las calles pueden hacer lo que se les viene en gana, sin importarles en lo más mínimo el riesgo al que exponen a otros. Todos, sin importar su estrato social, están obligados a respetar los derechos de los demás, y son las autoridades quienes tienen la obligación de hacer que esos derechos se respeten.
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