Alfred Nobel, químico e ingeniero sueco, “inventó la dinamita (1865) y la gelatina explosiva (1875). En 1877 preparó la balistita, especie de pólvora sin humo. Montó diversas fábricas de explosivos en varios países europeos y en EE.UU.”(1). “Según muchos relatos, el descubrimiento efectuado por Nobel de que la nitroglicerina podía hacerse más estable absorbiéndola en celulosa fue un accidente. Este descubrimiento convirtió a Nobel en un hombre muy rico....Había inventado el más potente explosivo militar conocido hasta entonces....Su testamento estipuló que su fortuna debía utilizarse para establecer premios que habrían de otorgarse a quienes hubieran conferido los mayores beneficios a la humanidad, incluida la promoción de la paz y la fraternidad de las naciones [los premios Nobel]”(2).
No es de extrañar entonces, que el premio Nobel de la paz haya sido otorgado a Barack Obama, el presidente de un país que tiene dos países invadidos, convertidos en infiernos de muerte y destrucción, y una celebre cárcel, Guantánamo, en la que los prisioneros son sometidos a torturas y vejaciones. Eso sí, el flamante galardonado ha prometido que sus tropas se retiraran y la cárcel será cerrada; pero, “del dicho al hecho hay gran trecho”.
Lo que queda en claro, es la consigna a la hora de entregar los premios (en especial los de la paz y literatura), bajo la tutela del comunismo internacional, potenciar la imagen de individuos que representan su ideología e intereses. Las excepciones (el Papa Juan Pablo II o la Madre Teresa, por ejemplo) pretenden afianzar el prestigio de dichas distinciones.
1. Enciclopedia Salvat Diccionario. Salvat Editores. España. 1972. Pág. 2387.
2. Brown, T. L. et al. “Química, la Ciencia Central” 9na. Edición. Pearson. México. 2004. Pág. 304.
sábado, 10 de octubre de 2009
Maradona y la selección argentina
Siempre había sido simpatizante de la selección albiceleste. Sin embargo, la llegada al banquillo argentino de Maradona, me produjo un profundo desencanto. ¿Cómo es posible que se pusiese en manos de un individuo incapaz de gobernarse a sí mismo, la dirección de una selección con tanta tradición futbolística?. Y es qué, aunque Maradona, sea quizás el mejor futbolista que ha existido (con el perdón de Pelé y di Stéfano), fuera de las canchas su comportamiento es categóricamente lamentable. Supongo que la AFA le habrá llevado al puesto por superstición. Los resultados de tan craso error saltan a la vista: mientras Argentina está en el quinto lugar, acechada por Venezuela, Uruguay y Colombia, Maradona ofrece insensatas declaraciones y habla de conspiraciones contra él.
El sistema judicial de Guatemala
El sistema de justicia en Guatemala está corrompido de raíz. Las leyes, con el pretexto de garantizar un justo proceso, amparan a criminales y malhechores de toda naturaleza (asesinos, violadores, ladrones, estafadores, tramposos, morosos, etc). En este país no se castiga a nadie (solamente al ciudadano común que es víctima indefensa de todos estos inmorales). Los de “cuello blanco”, con los frutos de su inequidad retuercen las leyes en su propio beneficio; y los pobres, tienen en los subterfugios populistas y politiqueros de las normas y preceptos judiciales, las armas suficientes para escapar del justo castigo. Y son los poderes legislativo y judicial corresponsables de esta caricatura que es el sistema legal nacional.
Lo acontecido respecto de la elección de magistrados para la corte suprema de justicia era algo fácilmente predecible, ¿que podía esperarse de una elección efectuada por el “soberano” congreso?
Lo acontecido respecto de la elección de magistrados para la corte suprema de justicia era algo fácilmente predecible, ¿que podía esperarse de una elección efectuada por el “soberano” congreso?
viernes, 2 de octubre de 2009
La Pena de Muerte
A finales de la semana pasada, dos mareros fueron capturados después de que habían dado muerte a un piloto de bus. Uno de estos individuos expreso, con el mayor descaro, que había asesinado a muchas personas, pero que este crimen lo había perpetrado el otro capturado, como requisito para poder ingresar a la pandilla, y que todo había sido ordenado desde una cárcel. Este suceso trajo a mi memoria el descaro del “celebre” Smiley, quién también confesó, sin la más mínima señal de arrepentimiento, el haber cometido muchos asesinatos.
Lo expuesto pone en evidencia, como dijese un funcionario europeo hace algunos años, que el estado guatemalteco “es un estado fallido”; totalmente incapaz de proteger las vidas de sus ciudadanos.
El catecismo de la Iglesia Católica vigente, promulgado bajo el pontificado de Juan Pablo II, afirma en su artículo 2267: “La enseñanza tradicional de la Iglesia no excluye, supuesta la plena comprobación de la identidad y de la responsabilidad del culpable, el recurso a la pena de muerte, si ésta fuera el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas”. Agrega el artículo citado: “Pero si los medios incruentos bastan para proteger y defender del agresor la seguridad de las personas, la autoridad se limitará a esos medios, porque ellos corresponden mejor a las condiciones concretas del bien común y son más conformes con la dignidad de la persona humana”.
Es claro que un estado fallido, como el guatemalteco, no es capaz de proteger la vida de sus ciudadanos, y ante tal realidad, la aplicación de la pena de muerte se convierte en una necesidad, para la preservación del bien común.
Que no nos quieran asustar con el petate del muerto, como dice un viejo refrán, aquellos que, amparados en postulados ideológicos cargados de un humanismo deformado, pretenden la defensa a ultranza de la vida del asesino, menospreciando el derecho a la vida del inocente.
Lo expuesto pone en evidencia, como dijese un funcionario europeo hace algunos años, que el estado guatemalteco “es un estado fallido”; totalmente incapaz de proteger las vidas de sus ciudadanos.
El catecismo de la Iglesia Católica vigente, promulgado bajo el pontificado de Juan Pablo II, afirma en su artículo 2267: “La enseñanza tradicional de la Iglesia no excluye, supuesta la plena comprobación de la identidad y de la responsabilidad del culpable, el recurso a la pena de muerte, si ésta fuera el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas”. Agrega el artículo citado: “Pero si los medios incruentos bastan para proteger y defender del agresor la seguridad de las personas, la autoridad se limitará a esos medios, porque ellos corresponden mejor a las condiciones concretas del bien común y son más conformes con la dignidad de la persona humana”.
Es claro que un estado fallido, como el guatemalteco, no es capaz de proteger la vida de sus ciudadanos, y ante tal realidad, la aplicación de la pena de muerte se convierte en una necesidad, para la preservación del bien común.
Que no nos quieran asustar con el petate del muerto, como dice un viejo refrán, aquellos que, amparados en postulados ideológicos cargados de un humanismo deformado, pretenden la defensa a ultranza de la vida del asesino, menospreciando el derecho a la vida del inocente.
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