La sociedad guatemalteca (y la civilización occidental, en su conjunto) está en crisis. Con paso lento pero seguro camina hacia el despeñadero. La relajación de las costumbres le pesará factura como lo hizo con otras tantas civilizaciones a lo largo de la historia.
Lo feo ahora es bonito, y ejemplos sobran para demostrarlo:
1. El graffiti, celebrado y catalogado como arte por los políticamente correctos, ¡no podía ser de otra manera!
2. Las obras que se presentan en la bienal de arte Paíz: muchas grotescas, otras repugnantes, algunas obscenas y otras tantas ridículas; pero uniformes en la escasez de virtud técnica.
3. Los “hits románticos” actuales donde la vanalidad y la vulgaridad han sustituido por completo la poesía que exalta la belleza de la mujer, lo sublime del amor entre ésta y el hombre; o incluso, lo amargo del desengaño.
Lo malo ahora es bueno: y aquí también, argumentos sobran para sustentarlo:
1. Desde los periódicos, los noticieros televisivos, y lo que es aún más preocupante, las conversaciones informales, se celebra y fomenta la sodomía, que junto al homicidio, la opresión de los pobres y la retención injusta del jornal del trabajador, es uno de los cuatro pecados que claman al cielo (Gén, 19, 13; Gén, 4,10, Éxodo 22, 21-24 y Santiago 5,4). Véase también escritos de Fray Luis de Granada y Catecismo de la Doctrina Cristiana por el padre José García Mazo).
2. El hombre es el bien supremo, y bajo esta premisa, se condena a la sociedad en su conjunto a ser víctima de los abusos de individuos despojados por completo de cualquier rastro de humanidad, que no dudan en cometer los más terribles crímenes, sabedores de que el Estado, lejos de castigarlos les protege y se convierte en su cómplice.
miércoles, 9 de junio de 2010
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