Alfred Nobel, químico e ingeniero sueco, “inventó la dinamita (1865) y la gelatina explosiva (1875). En 1877 preparó la balistita, especie de pólvora sin humo. Montó diversas fábricas de explosivos en varios países europeos y en EE.UU.”(1). “Según muchos relatos, el descubrimiento efectuado por Nobel de que la nitroglicerina podía hacerse más estable absorbiéndola en celulosa fue un accidente. Este descubrimiento convirtió a Nobel en un hombre muy rico....Había inventado el más potente explosivo militar conocido hasta entonces....Su testamento estipuló que su fortuna debía utilizarse para establecer premios que habrían de otorgarse a quienes hubieran conferido los mayores beneficios a la humanidad, incluida la promoción de la paz y la fraternidad de las naciones [los premios Nobel]”(2).
No es de extrañar entonces, que el premio Nobel de la paz haya sido otorgado a Barack Obama, el presidente de un país que tiene dos países invadidos, convertidos en infiernos de muerte y destrucción, y una celebre cárcel, Guantánamo, en la que los prisioneros son sometidos a torturas y vejaciones. Eso sí, el flamante galardonado ha prometido que sus tropas se retiraran y la cárcel será cerrada; pero, “del dicho al hecho hay gran trecho”.
Lo que queda en claro, es la consigna a la hora de entregar los premios (en especial los de la paz y literatura), bajo la tutela del comunismo internacional, potenciar la imagen de individuos que representan su ideología e intereses. Las excepciones (el Papa Juan Pablo II o la Madre Teresa, por ejemplo) pretenden afianzar el prestigio de dichas distinciones.
1. Enciclopedia Salvat Diccionario. Salvat Editores. España. 1972. Pág. 2387.
2. Brown, T. L. et al. “Química, la Ciencia Central” 9na. Edición. Pearson. México. 2004. Pág. 304.
sábado, 10 de octubre de 2009
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